La Tetería del Oso Malayo

Autorretrato de David RubîAhora que estoy con las emociones alteradas. Que las cosas no van como uno quisiera (el amor bien, gracias), que el orden está apartando el caos de mis 29 años para entrar chachi en los 30 en apenas medio año, ahora, y superado ese peso de sentir que todos esperan mucho de tí y que tú no das nada; ahora que necesito llorar mucho pero que las lágrimas se han puesto orgullosas y se niegan a colaborar; ahora que mis amigos están muy lejos; ahora que necesito más que nunca romper con todo pero que es imposible porque no tengo un trabajo de reserva; ahora que lo bueno es óptimo y lo malo llama a la fatalidad; ahora que me vuelvo a sentir adolescente pensando en cómo sería suicidarse; ahora que mis colores favoritos se quedan en el armario para no lucir nada; ahora que Murcia me cae al fin del mundo (MM, va por ti); ahora, con todo esto, sé que es el momento de, tras casi 15 años, volver a dibujar. En serio. De dibujar y ganar premios. De dedicarme al 9º arte. Ahora, por eso, he dejado novelas apartadas y no he sentido pesar. Ahora, por eso, vuelvo a comprar comics, los mejores de todos. Ahora, por eso, vuelvo a ponerme al día. Y veo que lo puedo hacer. Y veo que quizás sí sea bueno de verdad. Y veo que tengo una buena historia, o dos o hasta 1000 buenas historias que contar. Y veo que puede hacerse. Y veo que me va a costar, pero no me meteré prisa, sólo a hacer un poco cada día. O cada semana. A dedicarle mimos a mis ideas. A mis dibujos. A pulir los ángulos para que todo sea suave. A aplicar lo aprendido en estos 15 años de audiovisuales, publicidad, iluminación, cine y fotografía a contar un cuento. Que será cruel, y tierno. Implacable como los momentos torcidos de la vida individual. Y a tomar lo mejor de cada licencia. Hora de tomarse un té.

He estado 2 días atrapado en 184 páginas de un consultorio psico-anímico que se esconde tras la apariencia de una tetería regentada por un tal Sígfrido. Ofrece buenos tés, mejores infusiones e insuperable trato. Y la gente es fantástica. Héroes de guerra, superhéroes retirados, amantes desolados y criatura mitológicas víctimas de sus propias leyendas y quimeras. En la barra y en las mesas caben todos con sus historias tremendas, emotivas, asfixiantes y que te atrapan cosa mala. Qué bonita es “La Tetería del Oso Malayo“. Qué auténtica, que llanto interno me ha suscitado. Qué cuentos tan reales, qué golpes tan certeros. Qué dibujo tan idóneo a cargo de David Rubín, que le ha valido múltiples premios y nominaciones. Pero lo más importante, el reconocimiento a su arte, a su forma de ver, a la obra que hace a propios y extraños contándonos todas estas cosas. Qué bonito. Qué perfecto. Quiero más té.

La Teterá Del Oso Malayo (Astiberri)

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~ por Sr.Unpoco en 3 marzo 2008.

Una respuesta to “La Tetería del Oso Malayo”

  1. Yo lo tengo clarísimo; el día ke usted se ponga arrasa en el mundo del comic, y lo digo sin peloteo. Pero tiene ke kerer. Y ponerse.
    Treinta años no son nada!! Y lo de ke el Planeta Murciano le pille tan lejos me hace pensar ke no lo veré hasta el..¿ 2010?¿ 2012?

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